'Todas las mujeres que he estado conociendo son mujeres hermosas y sensuales. Me deshago mirándolas y temo que mi expresión sea delatora. Las miro a los ojos, aunque ellos apunten a otro. Todas podrían gustarte, pero claro, el gusto jamás bastaría. Me complace conocer tus predilecciones, confieso lo que conozco y sé que al menos a una en especial podrías quererla. ¡Enamorarte tú! ¿Lo habías pensado? Estar mejor, todo lo mejor que puedas estar. Y es pequeñísima, ella, y canta siempre, haciendo voces y muecas, aunque esté sola o en frente de sus amigos. Es maravillosa. Maldice mucho pero con gracia y a veces desaparece cuando ya es de noche, sin decirle a nadie donde se dirige, porque no quiere que nadie se atreva a acompañarla. Me pregunto acerca de mi deber para contigo. En tu felicidad ¿Cuál es mi rol a esta distancia? ¿Puedo permitir que estés lejos de aquélla a quien amarías? ¿Puedo abandonarme? ¿Acaso no sería de utilidad que estuvieras satisfecho? No cabrían dentro de mi más dudas si la plenitud alcanzaras ¡Ya no podría hacer nada, nada! Solo quedaría yo, inmóvil como la nieve eterna o el amarillo del desierto.'
F.
eso jamás
domingo, 29 de septiembre de 2013
viernes, 13 de septiembre de 2013
tu madre te ama
a: Hijo, la montaña nunca ha sido azul. Soy tu padre y debo enseñarte la verdad. El mar, e incluso el mismo río que se ve allá a lo lejos, son incoloros, pueden teñirse con arena y tierra, pero azul jamás ha sido el mar ni la montaña.
b: ¿Y entonces de qué color es la montaña, padre?
a: Pues tienes que saberlo ya que la has recorrido innumerables veces con traquilidad
b: Jamás he estado tranquilo, padre.
a: Tienes que saberlo porque desde aquí se ve con claridad
b: Es azul
a: Piensa lo que quieras
b: Podría ser índigo o violeta, pero a esos colores me gusta decirles morado, la cordillera es morada, pero con blanco encima, como un postre, es para comérsela.
a: Como quieras, he cumplido con informarte, nada es azul, solo una piedra y los ojos de una persona
b: ¿Mi madre?
a: ¿Por qué la has recordado?
b: Cuando hablamos pienso ella
a: Bien sabes que no tiene los ojos azules
b: ¿Cómo tenía los ojos mi madre?
a: No quiero pensarlo
b: ¿Cómo tenía los ojos mi madre?
a: Como un panal de abejas, los ojos de ...
b: No entender lo que hablas
a: Estoy tranquilo
b: Las abejas solo poseen un aguijón, una vez que ataca pues mueren para siempre, una abeja, un ataque, pero a veces no quieren atacar y se las pisa sin querer, en verano, descalzos, llevándonos en la planta del pie no solo el aguijón, si no las tripas de una abeja que no quería hacernos daño, pero dolía mucho.
a: ¿Y estás seguro que no encontraste un panal en la montaña?
b: Estaba lleno de hilos de madera
a: Son hojas de pino que ha muerto el otoño
b: Pero ni madre ni panal
a: En la montaña no estará, te había dicho, no puede subir alguien ahí
b: ¿mi madre? ella hacía todo lo que quería
a: Menos subir la montaña, eres el primero
b: Entonces todo sabían que no iba a encontrarla
a: Todos sabíamos, pero tal vez la encontrabas por primera vez
b: Me usaron
a: La esperamos como tú
b: Creí que la encontraría...
a: ¡No creas eso! Menos el azul
b: De pronto creí verla salir del agua, con un vestido de satén, un vestido azul de satén, o blanco.
a: Tu madre te ama.
b: Solo hilos de madera que tiré al río, el satén se parece al agua cuando el río avanza lento, haciéndose el amor a si mismo.
a: Como una rama débil dicen que la vieron, sobre el agua a la hondonada, el agua solo baja por la montaña. Se derrite de arriba a abajo
b: De azul pobre madre te recibe la hondonada, luciérnaga de la montaña
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