domingo, 29 de septiembre de 2013

'Todas las mujeres que he estado conociendo son mujeres hermosas y sensuales. Me deshago mirándolas y temo que mi expresión sea delatora. Las miro a los ojos, aunque ellos apunten a otro. Todas podrían gustarte, pero claro, el gusto jamás bastaría. Me complace conocer tus predilecciones, confieso lo que conozco y sé que al menos a una en especial podrías quererla. ¡Enamorarte tú! ¿Lo habías pensado? Estar mejor, todo lo mejor que puedas estar. Y es pequeñísima, ella, y canta siempre, haciendo voces y muecas, aunque esté sola o en frente de sus amigos. Es maravillosa. Maldice mucho pero con gracia y a veces desaparece cuando ya es de noche, sin decirle a nadie donde se dirige, porque no quiere que nadie se atreva a acompañarla. Me pregunto acerca de mi deber para contigo. En tu felicidad ¿Cuál es mi rol a esta distancia? ¿Puedo permitir que estés lejos de aquélla a quien amarías? ¿Puedo abandonarme? ¿Acaso no sería de utilidad que estuvieras satisfecho? No cabrían dentro de mi más dudas si la plenitud alcanzaras ¡Ya no podría hacer nada, nada! Solo quedaría yo, inmóvil como la nieve eterna o el amarillo del desierto.'

F.

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